Antes de la siguiente Cuco-parida, quiero recordar que la autora de estas historias sobre este sujeto tan carismático es mi colega Diana, también conocida como Kraychora:
Una noche como otra cualquiera en la terraza, los colegas, estábamos esperando inocentemente sentados en el frío hormigón a que bajara Susana (componente del grupo de colegas).
Sin embargo, Cuco-paridas tuvo la genial idea de esperarla escondido tras el muro de manera que los presentes del grupo le veíamos, pero ella al venir no.
El no lo hacía por tener el enorme honor de ser el primero en recibirla… no no no no nooo… su mente trajinaba algo más macabro… tenía la intención de abalanzarse sobre ella con el chillido más horrible jamás oído, y así, darle el susto de su vida.
Nosotros esperábamos con gran entusiasmo otra escena de nuestro querido protagonista Cuco-paridas y llegó el momento, se encendió la luz del portal… todo indicaba que ella ya venía… sin embargo no era Susana la que había provocado tanta luminosidad en aquella oscura noche, había sido… ¡¡SU VECINO!! Este bajaba tan tranquilo con sus bolsas de basura sin sospecharse lo que se le venía encima.
Nosotros lo vimos, pero Cuco NO… jejeje… y con lo prometedora que iba a ser la escena no quisimos desaprovecharla. Sin hacerle dudar le dijimos directamente por lo bajini:
¡¡¡Cuco Cuco… que ya vieneeee!!!”…
El se preparó para su llegada mientras nosotros le veíamos con el cartel debajo de su delgada figura que podía decir:
Él no sabe que el que se acerca es el vecino y no Susana
Cuco se acercaba, se acercaba, lo alcanzaba ya… hasta que ¡¡lo cogió!! ¡¡¡y de un solo bocado se lo tragó!!!… mmmmmmmmm… no no no… esperen, esto último no fue así… mmmmmm… perdonad, no sé como se me ha colado aquí esta escena de “Pedro y el Lobo”.
Bueno, como decía, le dimos bandera verde para actuar y avalanzose sobre el pobre hombre cual lobo hambriento y sediento de sangre… mmmmmm… weno… me he pasado un poco pero… más o menos…
El hombre quedó horrorizado y estupefacto ante su ruidosa y gesticulosa actuación, de tal manera que casi suelta las bolsas al instante.
Tras ser el cuco consciente de lo que acababa de hacer, su cara se transformó a la luz de la luna llena volviéndose roja roja roja y con un gran gesto de espanto.
Sin cruzar ninguna palabra más cada uno de estos dos sujetos huyeron en distinta dirección ante nuestras tremendas carcajadas.
Creemos que desde aquel momento el sufrido hombre pidió a la comunidad un incremento de medidas de seguridad en el edificio colocando espejos en cada esquina y prohibiendo la entrada a nuestro protagonista y su acercamiento en un radio de 20 metros… jejeje…
Aquí termina esta Cuco-parida, ¡ya solo quedan tres más!
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